Toma de Conciencia a Través del Movimiento. El Método Feldenkrais

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Vivimos inmersos en un constante hacer, movidos por inercias que apenas advertimos. Pensamos, reaccionamos y decidimos desde un piloto automático que nos aleja del instante y del cuerpo que habitamos. La toma de conciencia a través del movimiento es la puerta de regreso: una forma amable de detener la prisa, de habitar el silencio entre un gesto y otro. A través del cuerpo, volvemos a sentirnos presentes, y en esa pausa, algo en nosotros recuerda quienes somos y cómo es estar verdaderamente vivos.

El Método Feldenkrais nos propone esta práctica como una de las formas más completas de educación somática: una pedagogía del cuerpo que enseña a moverse, sentir y pensar con mayor conciencia y libertad.


Un aula de movimiento consciente

Las clases de Toma de conciencia a través del movimiento se desarrollan, por lo general, tumbadas en el suelo. Este detalle no es casual: al liberar al cuerpo del esfuerzo de sostener la postura erguida, se reduce la tensión muscular y el sistema nervioso puede abrirse a nuevas sensaciones.

La persona que conduce la sesión guía la sesión con la voz. No muestra los movimientos ni ofrece modelos a imitar. Cada indicación es una invitación a explorar, no a corregir: “Siente cómo gira tu pelvis…”, “Observa qué hace tu respiración cuando levantas un brazo…”. Así, el foco no está en hacer “bien” el ejercicio, sino en escuchar cómo el cuerpo responde.

Esta forma de enseñanza —más cercana a un laboratorio que a una clase tradicional— favorece un aprendizaje orgánico: el movimiento se descubre, no se impone. Y en esa exploración, el sistema nervioso empieza a reorganizarse.


Explorar sin forzar: la inteligencia del movimiento

En el Método Feldenkrais no hay metas estéticas ni exigencias de rendimiento. La atención se centra en descubrir cómo hacemos lo que hacemos. Esa diferencia aparentemente sutil transforma toda la experiencia: al movernos con suavidad y curiosidad, se activa la plasticidad neuronal y el cuerpo encuentra nuevas rutas para el mismo gesto.

El movimiento se convierte así en una herramienta de autoconocimiento. Aprendemos a identificar tensiones innecesarias, a percibir los apoyos del cuerpo, a descubrir qué zonas están rígidas y cuáles disponibles. Lo que se despierta no es solo la coordinación física, sino una escucha profunda hacia uno mismo.

Esta cualidad de atención consciente conecta directamente con otros enfoques relacionados con la terapia psico-corporal o las practicas terapéuticas relacionas con la toma de consciencia y la aceptación. 


El cuerpo como espejo del sistema nervioso

Cada movimiento que realizamos es una conversación con el sistema nervioso. Feldenkrais lo sabía bien: detrás de cada gesto hay un patrón de activación que involucra a músculos, emociones y pensamientos. Cuando esos patrones se vuelven automáticos, perdemos flexibilidad y, con ella, parte de nuestra vitalidad.

La práctica de la toma de conciencia a través del movimiento actúa directamente sobre estos circuitos neuromotores. La lentitud, la atención y la ausencia de esfuerzo son los tres ingredientes que permiten al sistema nervioso reprogramar sus respuestas.

Este proceso guarda una estrecha relación con la teoría polivagal, que explica cómo nuestro cuerpo se activa o se calma según la percepción de seguridad. Las clases de Feldenkrais ayudan a crear esas condiciones de calma fisiológica: respiración amplia, tono muscular equilibrado, ritmo pausado. Desde ahí, el cuerpo puede sentirse seguro… y aprender.


Cómo se estructura una sesión

Cada clase sigue una secuencia que combina tres momentos esenciales:

  1. Chequeo inicial
    Se comienza observando el estado corporal antes del movimiento: cómo se apoya la espalda, qué zonas están en contacto con el suelo, cómo respira el cuerpo. Esta observación sin juicio permite reconocer el punto de partida.

  2. Exploración guiada
    A través de indicaciones verbales, se proponen secuencias de movimientos suaves que invitan a la curiosidad. No se trata de repetir, sino de explorar variaciones, comparar sensaciones, descubrir nuevas rutas de acción.

  3. Integración final
    Tras las pausas pedagógicas —momentos de descanso activo donde el cuerpo asimila lo aprendido—, se realiza un nuevo chequeo. Casi siempre aparece una diferencia: más contacto, más espacio, más ligereza.

Este ciclo de exploración, pausa e integración estimula la reorganización neuromuscular. La persona no solo se mueve mejor, sino que se siente diferente. Y ese cambio se extiende a la vida cotidiana: caminar, respirar, sentarse o incluso pensar se vuelven actos más naturales y equilibrados.


El poder de las pausas: aprender sin esfuerzo

En Feldenkrais, las pausas no son descansos: son momentos de aprendizaje. Cada vez que paramos, el sistema nervioso consolida la nueva información. Este principio —que también encontramos en la neurociencia del aprendizaje— explica por qué el método produce cambios tan profundos sin necesidad de forzar.

El cuerpo aprende mejor cuando se siente seguro, curioso y sin prisa. Por eso, la toma de conciencia a través del movimiento puede ser practicado por cualquier persona, sin importar la edad o la condición física. No se requiere fuerza, flexibilidad ni experiencia previa: solo atención y disposición a sentir.


De la clase al día a día

El mayor valor del método Feldenkrais no está solo en la sesión, sino en cómo transforma la vida cotidiana. Cada vez que llevamos la atención a un movimiento —al caminar, al respirar, al sentarnos—, reactivamos ese estado de presencia.

La práctica nos enseña a movernos con menos esfuerzo y más eficacia, pero también a pensar y sentir con mayor claridad. Nos volvemos más conscientes de los automatismos que nos dominan y aprendemos a elegir respuestas más adaptativas. En términos psicológicos, esto equivale a pasar de la reacción a la acción consciente.

Por eso, muchas personas encuentran en este método una vía para gestionar el estrés, reducir la ansiedad o mejorar su postura. El cuerpo se convierte en un aliado para la regulación emocional y la resiliencia.


Beneficios de la práctica del Método Feldenkrais

Entre los efectos más comunes del trabajo con Toma de conciencia a través del movimiento se encuentran:

  • Reducción del dolor y las tensiones musculares.

  • Mejora de la postura y la coordinación.

  • Ampliación de la capacidad respiratoria.

  • Mayor equilibrio y estabilidad.

  • Sensación de calma y claridad mental.

  • Mejora de la atención y la memoria corporal.

  • Incremento de la flexibilidad emocional y de la autoimagen positiva.

Estos beneficios no son fruto de la repetición mecánica, sino de un aprendizaje real, vivido. Cada persona encuentra su propio ritmo de cambio.


El movimiento como camino terapéutico

En el árbol, centro de psicología en Granada, comprendemos el movimiento consciente como una vía complementaria a la terapia psicológica. Al igual que en la terapia psico-corporal, aquí se trata de devolver al cuerpo su papel de mediador entre emoción y pensamiento.

El Feldenkrais y otras técnicas de movimiento consciente no sustituyen la psicoterapia, pero puede enriquecerla enormemente. Cuando una persona aprende a habitar su cuerpo con más atención y libertad, su mente también se abre a nuevas posibilidades. La integración de ambos planos —cuerpo y psique— es lo que permite que los cambios sean más estables y profundos y es una excelente aliada para el tratamiento de procesos psicosomáticos. 


Un espacio de escucha y presencia

En el árbol, centro de psicología y salud integral en Granada, cada clase, cada taller,  es una invitación a parar, sentir y escucharse. Es un espacio de silencio activo donde el cuerpo enseña y la mente aprende a acompañar.

Esta actitud de escucha se convierte poco a poco en una forma de vida: empezamos a movernos, respirar y actuar con más coherencia. Descubrimos que el bienestar no es un estado, sino una relación viva con lo que somos.

Si quieres experimentar una sesión en el árbol, contáctanos. Puedes probar una de nuestras clases semanales o unirte a los talleres de consciencia corporal y salud emocional que organizamos cada mes. 

 

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